Estudios bíblicos

¿Crees tú en el Hijo del Hombre?

Juan 9:35-39 NBLA

“Jesús oyó decir que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del Hombre?». Él le respondió: «¿Y quién es, Señor, para que yo crea en Él?». Jesús le dijo: «Pues tú lo has visto, y el que está hablando contigo, Ese es». Él entonces dijo: «Creo, Señor». Y lo adoró. Y Jesús dijo: «Yo vine a este mundo para juicio; para que los que no ven, vean, y para que los que ven se vuelvan ciegos».”
Juan 9:35-39 NBLA

La religión había echado fuera a un hombre que se había convertido en testimonio vivo de la luz de Cristo. No podía soportar la evidencia de un alumbramiento personal e íntimo, porque la religión, cuando se vuelve sistema y no relación, es incompatible con la Luz Verdadera que alumbra a todo hombre.

Cuando este hombre fue expulsado, el Señor Jesús salió a su encuentro. Y allí, lejos del sistema que lo rechazó, se le reveló de manera maravillosa como el Hijo del Hombre. No era solo un profeta, no era únicamente un maestro; era Emanuel, Dios con nosotros, el Dios-hombre que habitó entre nosotros.

En el corazón de aquel hombre nació un deseo profundo: “¿Quién es, Señor, para que yo crea en Él?”. Lo que la religión no pudo producir —una fe viva y personal— comenzó a gestarse en ese encuentro. Jesús mismo le mostró el camino, no a través de argumentos, sino mediante Su propia revelación.

Esta experiencia sigue siendo actual. Muchas veces podemos tener conceptos, enseñanzas y estructuras, pero aún no se ha producido la vida. Podemos conocer acerca de Jesús sin haberlo encontrado verdaderamente. Es necesario salir de la religión y buscar al que el Padre envió. Es necesario preguntarnos con sinceridad: “¿Quién eres, Señor, para que crea en Ti?”.

Y entonces, cuando Él se revela por medio del Espíritu Santo y Su voz resuena en nuestro corazón preguntando: “¿Crees tú en el Hijo del Hombre?”, podamos responder desde lo más profundo de nuestro ser: “Creo, Señor”, y adorarlo con todo nuestro corazón.

Esta es la obra de Dios: llevarnos del conocimiento externo al encuentro personal, de la religión a la revelación, de la ceguera a la verdadera luz. Este es el testimonio que Jesús vino a mostrarnos.